Es común achacar, cuando se habla de la baja productividad española, la responsabilidad a los trabajadores cuando realmente el problema de fondo es otro. Un problema estructural: el sistema productivo español está desfasado y las condiciones laborales son mediocres. De ahí, entre otros, los graves problemas de desempleo actuales.

Los motivos generales son los siguientes:

  • La industria española, de alto crecimiento en el pasado, competitiva vía salarios ha dejado de serlo debido a la competencia del mercado internacional. Aun así, se sigue incentivando la producción de bienes y servicios que no pueden competir en el extranjero o incluso ni si quiera en el mismo país. Una industria fomentará su productividad siempre y cuando los beneficios derivados de su inversión se vean reflejados en sus balances. Es fundamental incentivar la producción de bienes y servicios de alto valor añadido (este proceso es lento pero los resultados óptimos).
  • Sectores como el turismo asimilan tenuemente los incrementos de productividad que se puedan dar en otros sectores. En general, sucede con un segmento amplio del sector servicios. No es responsabilidad de nadie que buena parte del Producto Interior Bruto español esté ligado al turismo, así como el sector turístico está, en parte, exento de la poca capacidad de incorporar nuevos procesos productivos que aumenten su eficiencia.
  • La incorporación de la tecnología en la empresa española es reducida (empresas de pequeño tamaño) y los avances tecnológicos proceden de la asimilación de las técnicas extranjeras. En el caso de las “grandes” economía europeas esta asimilación viene desde los Estados Unidos. En el caso de España es traída desde Europa. Al final, un proceso de producción asimilado con un retardo de años debido a que no es lo mismo crear un sistema o ingenio productivo que tener que importarlo y depender del exterior (servicios técnicos, etc.).
  • El sector servicios se orienta casi en exclusiva al mercado interior, donde la competencia es escasa. Esto no incentiva al empresario a mejorar ni la productividad ni la competitividad. Una orientación hacia el mercado internacional fomentaría la productividad.
  • Es sistema laboral español desincentiva a los trabajadores: remuneración por horas y no por labor cometida. Debería ser lo contrarío.
  • La jornada laboral española está estructura de manera ineficaz habitualmente: jornada partida. El tiempo está escasamente optimizado.
  • La jerarquización empresarial es, aún hoy, añeja y burocrática.
  • Escasa integración empleado-empresa.
  • Excesiva temporalidad y dicotomía entre aquellos que están empleados y quienes no lo están.
  • El sistema de enseñanza es poco eficiente. Alta índice de absentismo escolar. El capital humano, más allá de la cualificación de éste, es el principal factor productivo en las economía desarrolladas.
  • El incentivo gubernamental que promueva la productividad empresarial carece de potencia suficiente. Las políticas fiscales son laxas a la hora de incentivar a los empresarios.

Estos son algunos de los motivos de la baja productividad española. No cabe duda de que el número es mucho mayor como tampoco cabe pensar que buena parte de la productividad recae en los trabajadores. Éstos no son mucho más o menos eficientes que los de las principales economías mundiales, pero desenvolverse en un sistema productivo que a penas ha evolucionado hacia la competitividad en las últimas décadas es difícil.

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